“ES PARA CIUDAD”. ¿PERO PARA CUÁL CIUDAD?
Vi el carro de la foto parqueado y convertido en un aviso publicitario. Me llamó la atención porque hace unos meses había probado uno de esos.
La experiencia no fue buena. En las lomas de Medellín subía a menos de 15 kilómetros por hora. En esas condiciones, la autonomía bajaba a menos de 50 kilómetros. Costaba casi $50 millones y la garantía de la batería era de 24 meses.
Al verlo ahí, pensé: al propietario hay que felicitarlo por la bonita y costosa valla. Como aviso, por lo menos, no necesita subir lomas.
El comentario tiene su humor, pero lo que hay detrás merece una conversación seria.
UNA COSA ES VENDERLO PARA CIUDAD Y OTRA QUE SIRVA EN ESTA CIUDAD
“Es para ciudad” puede sonar como una explicación suficiente para un vehículo pequeño, de prestaciones limitadas y pensado para recorridos cortos.
Pero ¿para cuál ciudad?
En Medellín las lomas también son ciudad. No hace falta salir de paseo ni meterse por una carretera destapada para encontrar una pendiente exigente. Para muchas personas, subir es parte del recorrido diario hacia la casa, el trabajo o el colegio de los hijos.
Por eso, cuando evalúo un vehículo de este tipo, no me basta con que se mueva bien en una calle plana. Me interesa saber si puede cumplir el recorrido de quien va a comprarlo.
Un carro para ciudad tiene que servir en la ciudad donde lo van a usar.
CASI $50 MILLONES MERECEN UNA PRUEBA DE VERDAD
Durante aquella prueba, subir a menos de 15 kilómetros por hora me pareció una limitación demasiado importante como para dejarla en segundo plano.
No estaba buscando un carro deportivo. Estaba mirando si podía resolver una necesidad cotidiana de movilidad.
Y a la dificultad para subir se sumaba la autonomía que encontraba en ese uso: menos de 50 kilómetros. Con eso, el comprador necesita pensar muy bien cuáles serán sus recorridos, dónde cargará y cuánto margen tendrá para un cambio de planes.
Casi $50 millones son una suma importante. Para muchas familias representan años de ahorro o una deuda que seguirá cobrándose, aunque el vehículo termine siendo menos útil de lo esperado.
La compra tiene que funcionar en la calle, no solamente en la cuenta que hicimos antes de salir de la vitrina.
EL VENDEDOR TAMBIÉN TIENE QUE HACERSE ESTAS PREGUNTAS
Quien ofrece un vehículo debería conocer sus limitaciones y explicarlas con la misma claridad con la que presenta sus ventajas.
¿Dónde vive el comprador? ¿Qué pendientes encuentra? ¿Cuántas personas transportará? ¿Cuánto necesita recorrer cada día?
Las respuestas pueden cambiar por completo la conveniencia de la compra.
Si un vehículo tiene dificultades importantes para ciertos recorridos, el cliente necesita saberlo antes de pagar. Explicarlo después, cuando ya se llevó el carro, no le devuelve la plata ni le resuelve el transporte.
Me cuesta aceptar que se presente una solución de movilidad sin comprobar si realmente sirve para las condiciones en las que se está ofreciendo.
Las limitaciones también forman parte del producto. Hay que contarlas.
Y EL COMPRADOR TIENE QUE SALIR A PROBAR
Antes de comprar, lleve el vehículo a una ruta parecida a la que hará todos los días. Si vive en una loma, pruebe una loma. Si normalmente viaja acompañado, acuerde una prueba con una carga semejante, dentro de la capacidad del vehículo.
Una vuelta corta por los alrededores del punto de venta puede dejar muchas preguntas sin responder.
Observe cómo sube, cómo se incorpora al tráfico y qué ocurre con la carga durante el recorrido. Pregunte por la autonomía en esas condiciones, no solamente por la cifra que aparece en la publicidad.
También pida por escrito las condiciones de garantía. En el vehículo que probé, la garantía de la batería era de 24 meses. Ese dato merece atención antes de comprometer los ahorros o firmar un crédito.
Primero compruebe que le sirve. Después mire cómo lo paga.
LA FOTO ME RECORDÓ PARA QUIÉN DEBERÍA FUNCIONAR TODO ESTO
No sé por qué el propietario del carro de la foto decidió utilizarlo como aviso. Lo que sí sé es lo que encontré cuando probé uno de esos vehículos.
Y esa experiencia me deja una preocupación: que el entusiasmo por una tecnología haga pasar a segundo plano la utilidad real de lo que se está comprando.
En AUTOTEST estamos acostumbrados a mirar los carros desde las necesidades de quien va a quedarse con ellos. La tecnología interesa, pero tiene que responder a una necesidad concreta.
Un vehículo puede ser pequeño, eléctrico y llamativo. Pero si no cumple el recorrido que su dueño necesita hacer, algo falló en la elección o en la forma de ofrecerlo.
La valla quedó bonita. Ojalá la compra también haya cumplido lo que su propietario esperaba cuando puso la plata.
PREGUNTAS FRECUENTES
¿Qué debo probar antes de comprar un vehículo pensado para ciudad?
Que pueda cumplir sus recorridos habituales, incluidas las pendientes, la carga de pasajeros y las distancias que necesita cubrir. Una prueba únicamente en terreno plano puede ser insuficiente para alguien que vive o trabaja en una loma.
¿Cómo puedo saber si la autonomía me alcanza?
Compare la autonomía observada en condiciones semejantes a su uso con la distancia que recorre cada día. Deje margen para desvíos y cambios de planes, y tenga claro dónde podrá cargar.
¿Qué debo preguntar sobre la garantía de la batería?
Solicite por escrito su duración, el límite de kilometraje si existe, qué cubre, qué condiciones exige y quién responde. También pregunte cómo se atiende una reclamación y qué opciones tendrá cuando termine la cobertura.
