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DICEN ALGUNOS QUE LOS CARROS DE HOY SON COMO UNA NEVERA

Dicen algunos que los carros de hoy son como una nevera. Y cada vez que escucho esa comparación, me acuerdo de la de la abuela Elsie.

La tuve hasta hace poco. Funcionaba perfectamente y era la admiración de todos. “¡Eso sí lo hacían para durar!”, decían al verla. Y yo tenía motivos para estar de acuerdo: durante mi vida de casado he tenido tres neveras y ninguna ha durado como aquella.

Pero las visitas no conocían un pequeño detalle: la nevera de la abuela Elsie se consumía unos trescientos mil pesos mensuales de energía.

La admiración era de todos. La cuenta me llegaba a mí.

ME TOCÓ DAR EL BRAZO A TORCER

¿Cómo no iba a querer aquella nevera? Tenía su historia, seguía funcionando y parecía dispuesta a acompañarnos toda la vida. Para mí era la prueba de que las cosas de antes se hacían buenas.

Pero cada mes llegaba la cuenta de la luz a recordarme que durar mucho no era la única cualidad que debía mirar.

Mientras tanto, las neveras nuevas me estaban tentando. Mejor distribución del espacio, compartimientos con distintas temperaturas, hielo sin tantas vueltas y funciones que uno empieza considerando innecesarias y después termina disfrutando.

Voy a confesar algo: cada día me gustan más las neveras nuevas.

Eso no significa que haya olvidado lo que duró la de la abuela. Todavía miro las nuevas y pienso: “Ojalá esta saliera igual de buena”. Pero ya no las juzgo solamente por su capacidad de sobrevivir durante décadas.

También valoro lo que hacen, la comodidad que ofrecen y la energía que necesitan para trabajar todos los días.

Tuve que entender cómo eran las neveras nuevas para empezar a apreciar todo lo que tenían de bueno.

LOS JÓVENES NO CONOCIERON LA NEVERA DE ELSIE

Ahora pienso en alguien joven que está comprando su primera nevera.

No conoció la de la abuela. No tiene ese recuerdo ni lleva años repitiendo que ninguna va a salir como aquella. Va al almacén, mira lo que hay y escoge según lo que necesita, lo que le gusta y lo que puede pagar.

Las funciones que a mí me sorprenden, para él pueden ser lo mínimo que espera encontrar.

Yo digo: “¡Mire todo lo que hace esa nevera!”. Él pregunta por qué la otra no lo hace.

Ahí hay una diferencia importante. A nosotros nos toca aprender a valorar algo distinto de lo que conocimos. Ellos comienzan directamente con lo nuevo. No tienen que reconciliarse con el recuerdo de la nevera de Elsie.

CON LOS CARROS NOS ESTÁ PASANDO ALGO PARECIDO

“Los carros de ahora ya no son como los de antes”.

Claro que no. Y menos mal, en muchas cosas.

Quienes llevamos años manejando recordamos carros que nos salieron extraordinarios. También al mecánico que los conocía de memoria, las reparaciones que entendíamos y aquella sensación de que siempre habría manera de ponerlos a funcionar otra vez.

Es una experiencia valiosa. El problema aparece cuando la usamos como única medida para juzgar todo lo que llega.

Nos montamos en un carro nuevo y encontramos pantallas, cámaras, sensores y sistemas que intervienen donde antes todo dependía de nosotros. Algunos tienen motor de combustión, otros combinan tecnologías y otros se mueven únicamente con electricidad.

Y, casi sin darnos cuenta, comenzamos a pedirles que sean como aquel carro que tanto quisimos.

Pero también nos gusta que sean silenciosos, que tengan una buena respuesta, que nos ayuden a estacionar y que hagan más cómodo un viaje. Nos interesan los avances en seguridad y, por supuesto, gastar menos en nuestros recorridos.

Queremos disfrutar todo eso y conservar la sencillez del carro de antes. Como yo con las neveras: todas las maravillas de la nueva, pero con la duración de la de Elsie.

ELLOS ESTÁN APRENDIENDO CON OTRO CARRO

Quien compra hoy su primer vehículo puede tener una experiencia muy distinta de la nuestra.

Si comienza con un eléctrico, aprender a cargarlo será parte de aprender a tener carro. No tendrá que cambiar una costumbre de treinta años pasando por la estación de gasolina.

Si aprende a manejar con cámaras y sensores, esos elementos formarán parte de su experiencia desde el principio. Tendrá que conocer sus límites y aprender a usarlos correctamente, pero no los verá necesariamente como algo extraño.

Eso no significa que un joven sepa escoger mejor. También puede dejarse deslumbrar por una pantalla y olvidarse de preguntar por el servicio, los repuestos o la garantía.

Lo que cambia es su referencia. Nosotros comparamos con lo que tuvimos. Él está construyendo su experiencia con lo que encuentra hoy.

APRENDER A RECONOCER LOS BUENOS

Entender las nuevas tecnologías también exige aprender a comprar.

No todas las neveras nuevas son buenas por ser nuevas. Con los carros ocurre lo mismo. Hay que mirar más allá de las funciones que nos muestran durante la venta.

Me interesa saber cómo funciona el vehículo, si se acomoda a mi vida, qué mantenimiento necesita y quién me va a responder cuando algo falle. También quiero saber si podré repararlo dentro de unos años.

Esas preguntas siguen siendo tan importantes como antes. La tecnología cambia, pero la necesidad de escoger bien permanece.

No se trata de dejar de exigir calidad. Se trata de aprender a reconocerla en vehículos diferentes de aquellos con los que crecimos.

LOS CARROS CAMBIARON PARA BIEN

Yo sí creo que los carros han cambiado para bien. Tenemos avances en seguridad, comodidad y eficiencia que vale la pena conocer y disfrutar.

Eso no convierte cada modelo nuevo en una buena compra. Pero tampoco tiene sentido descalificar todos esos avances porque el carro ya no se parece al que tuvimos hace treinta años.

Eso sí: yo no compraría uno esperando que me dure como la nevera de la abuela Elsie. Su vida dependerá del uso, del cuidado y de que siga siendo posible mantenerlo y repararlo. La disponibilidad de componentes y el costo de esas reparaciones también cuentan.

Me encantaría que duraran como aquella nevera. Pero ya entendí que la duración no es lo único que quiero recibir a cambio de mi dinero.

Quiero disfrutar lo que pueden hacer hoy.

Por eso, cuando alguien dice que los carros nuevos son como una nevera, ya no sé si tomarlo como una crítica. Depende de cuál nevera estemos hablando.

Yo quise mucho la de la abuela Elsie. Pero, después de entender las nuevas, cada día me gustan más las buenas de ahora.

TRES PREGUNTAS PARA SEGUIR CONVERSANDO

¿Que un carro dure muchos años significa que es mejor?

La duración es una cualidad importante. También lo son la seguridad, la comodidad y lo que cuesta usarlo y mantenerlo durante esos años. Yo miraría el conjunto.

¿Hay que cambiar un carro que todavía funciona bien?

No necesariamente. Podemos reconocer las ventajas de los nuevos y seguir satisfechos con el que tenemos. Lo importante es decidir según nuestras necesidades y nuestras cuentas.

¿Qué no deberíamos dejar de exigir al comprar nuevas tecnologías?

Calidad, información clara y respaldo. Podemos entusiasmarnos con lo que hace un carro y, al mismo tiempo, preguntar cómo se mantiene, quién lo repara y si habrá repuestos cuando los necesitemos.

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